Rompiendo el círculo de mis patrones

Nombré a cada uno de mis patrones de comportamiento para reconocerlos, definirlos, aceptarlos, hablarles y decirles hasta nunca. Simplemente ya no los necesito.

Las acciones que tendencialmente realizamos bajo diversos estímulos se conocen como patrones de comportamiento, son muy útiles para nuestro desarrollo como personas (por ejemplo ser disciplinados, precavidos, perseverantes en periodos en los que se busca alcanzar una meta en específico) pero existen algunos que pueden convertirse en acciones auto destructivas.

Estos son los mios, me han acompañado por años en el sube y baja de mis emociones, me hacían estar distraída de todo aquello que me genera temor o estrés y no ver lo sencilla que puede ser la vida cuando entiendes que mereces libertad.

  1. La saboteadora: llega justo cuando estoy alcanzando la plenitud para sabotear el proceso. Es como si no quisiera que fuera feliz. Le teme al cambio y al crecimiento.
  2. Dulcinea: es ansiosa y le encanta atrancarse con dulce y salado, dulce y salado.
  3.  La pesimista: esta en el fondo, lo toco y ahí se quiere quedar, para ella ya no hay esperanzas. Su sentimiento favorito es la tristeza. Frase favorita ¿Por qué a mi?
  4.  La víctima: triste y arrepentida, se castiga en su propio remordimiento. Se siente la pobrecita que tiene problemas (todos tenemos problemas que se manifiestan de diferentes formas, en mi caso con la comida pero en otros puede ser el alcohol, las drogas, la soledad, el pánico, depresión…etc).
  5. Auto destructiva: es la mujer detox. El exceso de ejercicio y una dieta estricta es su fuerte. Hay que limpiar, limpiar todo por dentro.
  6.  Todo o nada.
  7. La ansiosa: vive esperando el cheat meal de los fines de semana, que si no se hacen conscientemente pueden terminar en un atracón y en el patrón número 1… 2…3…

Hoy los reconozco y los miro de frente sin miedo, obviamente viven todavía en mi y cuando se manifiestan, sí que se sienten. Pero cuando los veo venir, tomo acción y rompo el círculo.

Conocer nuestros patrones y sobre todo esos que nos hacen más débiles, paradójicamente y por fortuna nos hacen ser seres humanos más fuertes y valientes. Cambiarlos puede ser un gran reto pues habitan en nosotros desde que somos niños, pero no hay nada imposible cuando deseas con el corazón y aprendes a manejar tu mente.

 

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De una tortuosa relación con la comida al manejo de mis emociones

Desde que puedo elegir qué comer y qué no la comida se ha convertido en una obsesión. En un principio el objetivo era estar delgada, pero con el paso de los años y superado tal propósito, el acto de comer se convirtió en mi poderosa arma de doble filo, con la cual soy capaz de nutrirme (de una manera completa y saludable) y autodestruirme en un par de segundos.

Después de más de una decada en estas… ¡Corté el círculo! Y, aunque me duele mucho decirlo, el proceso de recuperación y cambio de patrones ha sido más difícil de lo que pensé. He ganado mucho en el proceso pero también me he dado cuenta que es algo que sanaré una y otra vez durante toda mi vida.

Como cualquier adicto a las drogas, videojuegos, alcohol, tabaco, pornografía entre otros, yo desde muy joven aprendí a comerme mis emociones, atrancarme de comida para sentir placer en lugar de ansiedad, tristeza y soledad, a remplazar el estrés, la depresión y curar mi rigidez con alimentos que usualmente no como. Luego, la culpa y la rabia del ¿Por qué hago esto? ¿Por qué a mí? ¿Por qué otros aspectos fluyen excelente y no puedo controlar algo tan simple como comer? Me hacían entrar en un periodo de exceso de ejercicio, ayunos, irritabilidad, depresión… Después retomaba mi alimentación saludable apta para cumplir mis objetivos en el gimnasio y mis responsabilidades diarias… Sin embargo, ante cualquier detonante terminaba en un atracón y al inicio de este párrafo.

Desde siempre había creído que la causa de mis atracones eran experiencias relacionadas con mi infancia y desarrollo como mujer nunca canalizadas, no obstante después de casi ya un año de ensayo y error, de estudiar, leer y leerme me dí cuenta que estas experiencias son un llamado de mis emociones, y que la respuesta esta en el manejo y aceptación de las mismas.

Ignorar nuestras emociones y no aceptarlas nos lleva a adoptar comportamientos perjudiciales para nuestra salud y felicidad. Yo estoy en este proceso y he iniciado a ver pequeños cambios que han hecho que sean más los momentos de paz que aquellos de descontrol.

Al principio, intenté muchas cosas como volverme vegetariana, eliminar alimentos adictivos, comer 5 veces al día, incluir pesas en mi entrenamiento, bajarle al cardio, bajarle un cambio a mi ritmo de vida… Algunos de estos cambios me sirvieron y ahora son parte de mi vida, otros simplemente los descarté. Y estoy en este lindo proceso de ver realmente qué es bueno para mí.

Por ahora, medito, respiro, me alejo de mis detonantes, cultivo la paciencia y escribo mi proceso, tengo hasta kits contra la ansiedad y S.O.S para no comerme mis emociones que poco a poco iré publicando. Entonces el diario continuará en proceso.

Hoy me siento positiva y tranquila. Fuerte y con voluntad para comer por gusto y evitar el emotional eating muy común en seres sensibles y perceptivos como yo.

Tortuosa relación con la comida ya no te necesito, hoy estoy dispuesta y abierta al sentir.

 

Sueños vs retos

Desde que me atreví a dejar mi casa, mi país, mis fruticas tropicales deliciosas y la música latina, por conocer nuevos mundos y seguir cumpliendo mis sueños; me dí cuenta  de uno de los más grandes errores que solemos cometer los soñadores. Lo lamentable es que yo lo hice apenas hace unos momentos…. lo bueno, es que ya lo sé y ahora lo podemos reflexionar.

El peor error que comentemos cuando deseamos cumplir un sueño es planear perfectamente la forma o la estrategia para alcanzarlos y olvidar la importancia de visualizarnos viviendo ese sueño. Si el día de mañana, listo! Te esforzaste, llegaste! ¿Y ahora qué?¿ Sueles pensar qué harás cuando cumplas tu sueño? es decir ¿Qué harás con ese sueño cumplido?¿Cómo lo vivirás? La respuesta no es precisamente pasar al siguiente y comenzar nuevamente el proceso de esforzarse, luchar y conseguir uno nuevo. Ese es el error.

En mi caso, me gradué con honores como Periodista, llegué a Milán a seguir formandome (cumplí mi sueño), pero cuando empezaron a pasar los días y de verdad fui consciente que llegué a mi meta, me sentí perdida. Porque llegar hasta aquí fue un sueño que convertí en un reto, es decir que el proceso me sirvió para demostrarme a mi misma que sí puedo, pero no para disfrutar de la mejor forma el hecho de lograrlo.

Por favor, de ahora en adelante evitemos que nuestros sueños se vuelvan retos. Hay que visualizar qué maravillas haremos cuando cumplamos lo que tanto deseamos (cambiar nuestra forma de vestir, inspirar, aprender algo de la nueva cultura, hacer un diario de fotos, de momentos, de experiencias…cualquier cosa! Pero no dejar pasar el momento sin tomar consciencia del mismo).

Los retos, nos sirven para demostrarnos que podemos superarnos. Por ejemplo, si hoy me hago 15 burpees en el gimnasio, mi reto mañana seguramente será hacer 20 sin parar. Probablemente al final me sentiré muy satisfecha, pero ya esta, cambiaré mi reto a uno que me haga más fuerte. No hagamos lo mismo con los sueños, porque ellos son nuestra vida, no tienen un final (se cumplen y se viven).

La vida es una composición de sueños que hay que vivir día a día. Y eso señores es terriblemente difícil, pero yo los invito a que probemos.

Hoy decido vivir mi sueño caminando por las calles de Milán, aprendiendo nuevos idiomas, probando nuevos sabores, viajando, coleccionando fotos y momentos. Vivo mi sueño sanando, escribiendo lo que siento, haciendo deporte, conociendo nuevas personas, tomándome el tiempo para hacer las cosas, relajándome, disfrutando el tiempo con mi novio y mis amigos, disfrutando el tiempo conmigo misma, vivir sin afán y sintiendo que cualquier cosa que pase y decida hacer durante este tiempo lejos de casa es parte de mi vida, es parte de mi sueño.

El Amor

El padre de todos los sentimientos, aliado y enemigo de la felicidad. En su ausencia todo es vacío, por eso cultivarlo y conservarlo es la única vía para alcanzar una maravillosa plenitud.

Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, porque requiere constancia y conciencia plena en cada momento. No estamos acostumbrados a ello. Pensar si cada cosa que hacemos es un acto de amor, requiera atención y nosotros hemos sido programados para distraernos.

Empecemos por el amor propio, el más importante ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste bien contigo mismo, que te dijiste un cumplido, que te reíste de tus errores y celebraste tus logros? No podemos amar a los demás si no nos amamos a nosotros mismos. Y para empezar hay que trabajar en la aceptación, querernos tal y como somos hoy en este mismo instante, no hay tiempo para pensar en mañana, porque el mañana es incierto. Yo me acepto hoy como soy, con lo que me gusta y lo que no. No soy de otra manera y, aunque puedo mejorar, hoy soy así y soy suficiente.

Ahora, el altruismo, si ya comenzaste a amarte es hora de irradiar amor. Empecemos por las cosas más simples: una sonrisa, una llamada, un mensaje de buenos días o noches, un cumplido o una pequeña sorpresa a otra persona, que conozcas o no.  También, trabajemos en dejar la costumbre de criticar y juzgar a los demás, no existe absolutamente nada que no tenga una causa, los demás tendrán sus razones para ser como son, así como nosotros tenemos las nuestras para pensar y actuar de alguna manera.

Finalmente, paciencia, amarse lleva tiempo y más amar a otro, pero si almenos dedicamos una mínima parte de  nuestro día a pensar cómo nos sentimos, a valorar lo que somos y a darle amor al otro, todo empezará a cambiar y poco a poco convertiremos nuestra vida en un acto de amor.

Obviamente si eso es lo que se desea, cada quien puede vivir la vida a su manera.

Simplemente hoy quise escribir este breve texto de amor, porque lo he venido practicando y hoy me desperté diferente, con una sensación de tranquilidad inmensa, me sentí llena de amor y nunca antes me había sentido tan bien. Y por eso, quise compartirlo, porque siempre debemos contarle al mundo lo maravilloso.

Cambiar es maravilloso y creo que por fin lo estoy entendiendo.

Escuchándome

Por años ignoré mi cuerpo, sus sensaciones y emociones. Me dediqué a pensar y a vivir en pro de la mente. Si me sentía agotada, sofocada, triste o simplemente con ganas de nada, lo ignoraba y seguía adelante con todas mis fuerzas, ¿Por qué?  por que ¡Yo puedo con todo!

Y sí, realmente todos podemos con todo, somos seres humanos perfectamente valiosos y diseñado a enfrentar cualquier cosa que venga. Pero también, somos el resultado de una construcción social que indirectamente nos crea paradigmas y creencias profundas que guiarán todo lo que haremos en nuestra vida.

En mi caso, crecí creyendo que dar el 200% es sinónimo de éxito, que trabajar aunque el cuerpo y la mente estén cansados es igual a disciplina y empeño. Que hacer más que el otro y juzgarme por los resultados era una forma de avanzar. Y, sí, ser disciplinado, organizado, responsable y trabajador nos llevará seguramente a conseguir lo que deseamos; la clave esta en mantener un balance porque llegará un momento en el que el cuerpo y las emociones (tan ignoradas) nos pasarán factura.

Tengo 24 años y he logrado todo lo que he querido, me he sacrificado física, emocional y mentalmente para llegar hasta donde estoy. Me siento satisfecha y feliz. Y extremadamente cansada. Peco por sobre-entrenar, sobre-esforzarme, sobre preocuparme y auto evaluarme severamente (toda mi vida me programé para ello y ahora me cuesta mucho romper este patrón).

Estoy aprendiendo a escuchar mi cuerpo, algo que realmente es fácil: puedo identificar en cuál zona siento dolor, cuáles son mis sentimientos del día, cuando realmente estoy cansada o si se trata de pura flojera. Lo que me cuesta demasiado es HACERLE CASO, mi mente muchas veces me manda al gimnasio así tenga los músculos engarrotados o dolor de cabeza; la mente me dice “Lee, estudia, adelanta el trabajo, ocúpate” cuando realmente sólo deseo no pensar y ver comedia romántica; la mente me juzga muchas veces  “¿28? pero hubieses sacado un 30, deberías esforzarte más”  aunque lo haya dado todo.

Y me pregunto ¿Por qué soy tan inflexible conmigo misma?¿Realmente vale la pena estallarme así? Por un día que no entrene y coma limpio mi cuerpo no se deformará o dejaré de ser saludable por siempre; por un periodo en el que no estudie no dejaré de ser una mujer excelente; por un 28 (que no es la máxima nota pero que es muy buena) que celebre no me hace mediocre ni conformista, me hace realista. El día en que falle nadie me humillará y seguramente mis amigos, familia y novio no dejarán de amarme. Ahora vuelvo y me pregunto ¿Por qué soy tan inflexible conmigo misma? Porque mi amor proprio depende de lo externo y cosas que se pueden medir. Realmente triste, lo sé, pero es la verdad…. y no soy la única, sé que muchos sienten lo mismo.

Estoy aprendiendo a hacerle caso al cuerpo, a ser flexible y balancear mi vida. No saben lo difícil que es, la teoría del todo o nada la tengo tatuada y la sigo en automático. Pero hoy digo basta! sé que puedo ser igual de visionaria, de excelente, de emprendedora y responsable sin llevar mi ser al límite.

Reconciliemos nuestra mente con nuestro cuerpo y espíritu, así cuando se manifiesten todos tendrán razón.

Nota: Escribí esto porque expresarlo es mi terapia, espero que alguien se pueda sentir identificado. Si es así, los animo a fluir, así cueste, recuerden fluir…

Soy más que mis resultados

La mia performance ha sido hasta este momento mi polo a tierra, mi ancla y mi motor. El simple hecho de ver como la dedicación, la constancia y la entrega funcionan, han hecho que desde hace mucho yo misma me valore por mis resultados. Era mi forma de sentir que soy aceptada y valorada, admirada; porque cumplo expectativas… de todos y no mías.

Ir un poco más allá, dar el doble y entregarse a un propósito, son claves indiscutibles para el éxito, sea que se cumpla el objetivo o no, porque siempre todo vendrá cargado de aprendizajes. El problema está cuando nosotros mismo empezamos a someternos a constantes evaluaciones con las cuales nos auto exigimos la excelencia, buenos resultados, logros; dejamos de ser flexibles y en el momento en el que las cosas no fluyen como queremos, algo en nuestro interior crola.

Crola y juzga.

Siempre he sentido que puedo lograr cualquier cosa que me proponga, pero en el fondo, admito que también siento miedo, no de no lograrlo si no de la respuesta a ¿Qué pasaría si no lo logro? Esa sensación que no admitimos pero que sentimos y es latente y permanente, una condición que a su vez desencadena ansiedad y estrés (lo peor con lo peorcito, en pocas palabras).

De verdad no lo merecemos, no lo merezco. No pasa absolutamente nada si no llegamos a la meta, existirá otra, mañana, en un mes, en años o en otra vida. Ya me cansé de ser un boletín de notas, un excelente trabajo, una beca ganada o un cuerpo armonioso.

Obviamente,  no quiere decir que no lucharé cada día por conseguir ese tipo de logros si me hacen feliz, pero no caeré más el día en que me equivoque o simplemente no consiga los resultados esperados. Hoy decido aprender a que me importe muy poco el final, porque el obstáculo o las pequeñas buenas noticias del hoy son lo que cuentan.

No olvidemos que se hace camino al andar como decía Antonio Machado.

Nota: En el cierre del primer año de mi maestría me propuse obtener como promedio un nivel igual al de un estudiante italiano excelente, es decir entre 29 y 30 (siendo 30 la máxima). Y, aunque no soy italiana y aún me cuesten los términos técnicos, lo logré! Pero no saben todo lo valioso que dejé en el camino y lo mucho que sacrifiqué, sólo para evitar mi auto desaprobación. No es justo.

Hoy digo: Soy más que mis resultados.

 

Valdrá la pena

Valdrá la pena, porque he decidido creer que así será.

Desde mi adolescencia he vivido momentos difíciles que siempre me han impulsado a más, afortunadamente he hecho de las crisis motores para alcanzar mi sueños. Sin embargo, cada obstáculo y reto extra se han llevado algo de mí. Siento que mi luz hoy esta en lo más mínimo y que para brillar necesita nuevos estímulos, y no me refiero a otro reto, me refiero tal vez a una nueva forma de ver la vida. Hoy deseo cambiar de perspectiva y me prometo seguir conquistando montañas sin perder mi esencia o sacrificar mi ser.

Porque eso es lo que comúnmente pasa, “haré esto por un momento, dejaré aquello o cambiaré lo siguiente, porque al final habrá valido la pena”. Y se convierte en una muletilla que tiende a acompañarnos en todo. Hoy entiendo que no debe suceder de esta forma.

Yo he dejado de escuchar, de sentir mi entorno, de compartir y hablar con los que amo, he dejado de socializar con el mundo, de leer, de moverme y de darme cuenta que respiro. Por llegar a la cima he descuidado lo más importante, el presente. Y, aunque practique yoga, ejercite mi cuerpo, trate de dar lo mejor de mí, la sensación de querer llegar me esta dejando vacía.

Si valdrá la pena, deseo que sea desde el camino y no al final del proceso. Porque sé que puedo conseguir todo lo que me proponga no importa cuan grande sea, me lo he demostrado una y otra vez, pero no estoy dispuesta a renunciar a los cosas pequeñas, esta vez no renunciaré nada.

Para quien me lee, todo esto aplica a proyectos profesionales, formativos, viajes, dietas, realizaciones, transformaciones y hábitos para los cuales es inevitable la sensación de tener que dejar de hacer una cosa por conseguir otra mejor. Obvio, es lo que se debe hacer, pero lamentablemente tendemos a dejarnos llevar por los resultados y terminamos por exagerar con las inhibiciones.

Hoy siento que cumplí lo que me propuse hace años, sin embargo debo confesar que me siento como un cajón vacío. Sí, llegué y… ¿Ahora qué?

Tengo un nuevo reto: cultivar mi ser. Llenarlo de todo lo útil y beneficioso para mi tranquilidad. Disfrutar lo logrado y poco a poco organizar mi interior, hoy tengo tanto espacio.

Finalmente, seguiré creando porque ese es el ciclo de la vida. No valdrá la pena, porque veré las cosas en un modo distinto, pena entonces sería crecimiento.